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Casa Ugalde: José Antonio Coderch y Manuel Vals

La casa Ugalde, construida en 1951 y diseñada por los arquitectos Jose Antonio Coderch y Manuel Vals, ha marcado un hito en la arquitectura española del siglo XX,   siendo seleccionada en el año 2000 por la revista japonesa A+U como una de las 33 viviendas unifamiliares más influyentes del siglo XX, compartiendo este honor junto con casas como la Robie House, Une petite maison o  la casa Farnsworth.

Para comprender  el valor arquitectónico de esta vivienda en concreto, y de toda su obra en general, es interesante saber primero  la visión que el autor tenía sobre los arquitectos y la arquitectura.

Coderch  escribió en 1961 el artículo titulado “No son genios los que necesitamos ahora”, en el cual además de  predecir la actual situación de la arquitectura internacional,  hablaba acerca de lo que debería ser la figura del arquitecto en la sociedad, cuando decía que “no son genios lo que necesitamos, pues son acontecimientos, no metas o fines. Tampoco se necesitan pontífices de la Arquitectura, ni grandes doctrinarios, ni profetas.” Lo que se necesita es que “los miles y miles de arquitectos que andan por el mundo piensen menos en arquitectura (en mayúscula), en dinero y más en su oficio de arquitecto. Que trabajen con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces, y de los hombres que mejor conocen, siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor)”. 

Coderch creía que nacería “una auténtica y nueva tradición viva de obras que pueden ser diversas en muchos aspectos, pero que habrán sido llevadas a cabo con un profundo conocimiento de lo fundamental y con una gran conciencia, sin preocuparse del resultado final que, afortunadamente, en cada caso se nos escapa y no es un fin en sí, sino una consecuencia.” “Y para conseguir estas cosas hay que desprenderse antes de muchas falsas ideas claras, de muchas palabras e ideas huecas y trabajar de uno en uno, con la buena voluntad que se traduce en acción propia y enseñanza, más que en doctrinarismo”. Coderch creía “ que la mejor enseñanza es el ejemplo; trabajar vigilando continuamente para no confundir la flaqueza humana, el derecho a equivocarse -capa que cubre tantas cosas-, con la voluntaria ligereza, la inmoralidad o el frío cálculo del trepador.”

Para Coderch un arquitecto tiene que trabajar con dedicación, buena voluntad, tiempo, y sobre todo, con amor, que es aceptación y entrega, enfrentándose en consecuencia al dinero, al éxito, al exceso de propiedad o de ganancias.

El buen arquitecto es aquel que está comprometido con la arquitectura, y que mucho más allá del éxito y del dinero, tiene como reto hacer una buena obra. Y para para ello deberá rodearse de buenos profesionales que tengan como objetivo este mismo fin, pues  el  “verdadero equipo es el que proyecta y realiza la obra” 1,  por lo que  deberá colaborar estrechamente con todos los integrantes que forman parte del proceso proyectual y constructivo, y, entre ellos, los propios clientes, que serán los que humanicen y den vida a esa arquitectura una vez construida.

La casa Ugalde es un gran ejemplo materializado de todas estas reflexiones. Fue diseñada para el ingeniero Eustaquio Ugalde, el cual paseaba con frecuencia junto a momentos de reflexión en un punto específico del bosque, donde actualmente se encuentra la vivienda. Desde ahí, él podía observar el espectacular paisaje hacia tres puntos principales, norte, sur y este, vistas que se debían mantener en el proyecto de Coderch y Vals.

Esta exigencia fue un condicionante muy importante en el desarrollo del proyecto, donde los arquitectos plantean la casa para que el cliente pudiera disfrutar del paisaje completo desde un solo lugar.

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Con un juego de muros y transparencias, la Casa Ugalde se adapta a la topografía del terreno, respetando incluso los árboles originales, componiendo un conjunto de volúmenes blancos  que se integran harmónicamente en el entorno.

El acceso a la vivienda se realiza siguiendo un largo muro  que va guiando al usuario, y que a la vez esconde el paisaje que hay detrás, para luego,  una vez llegados al punto principal de la vivienda, la gran sala de estar que articula este proyecto, se abra hacia las espectaculares vistas del entorno.

Este espacio articula, a partir de una planta orgánica, los tres principales espacios de la casa, los dormitorios, la terraza y el pabellón de invitados, a los cuales se accede a través de una esbelta pasarela.

Los diferentes volúmenes se adaptan a los movimientos del terreno, generando cambios de niveles y escalonamientos, además de diversos espacios exteriores que producen juegos de sombras, de llenos y vacíos, patios privados, recorridos, terrazas sobre las cubiertas y auténticos miradores, logrando así satisfacer de una muy buena manera las prioridades del cliente con un diseño condicionado por las vistas y los pinos existentes en el sitio, fusionándose además con el entorno.

1 Fragmento de la carta que Coderch envió a Alison Smithson

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