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Bodega Dominus. Herzog & De Meuron.

“Una síntesis de placer sensorial e intelectual”: así define Jorge Silvetti, uno de los jurados del premio Pritzker 2001, la arquitectura de Herzog & De Meuron, vencedores del concurso para la New Modern Tate Gallery de Londres.
De toda su obra, la californiana Dominus Winery (1995-1998) es uno de los ejemplos más interesantes.

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Desde el punto de vista tipológico se trata de una bodega para la conservación de toneles y barricas, con, además, una sección dedicada a oficinas. La intención del proyecto es doble;por una parte, en lugar de reducir el impacto visual provocado por las dimensiones del edificio (100 m de largo por 25 de profundidad y 9 de altura), los arquitectos suizos han elegido acentuar la desproporción y confiar el exterior a la estereometría de un volumen único y compacto; por otra, inventan una solución estéticamente nueva pero funcionalmente correcta en el uso de los materiales.

 

La “piel” del edificio está constituida por cajas modulares de red metálica que “contienen” bloques de piedra local de formas y tamaños diferentes -una técnica usada habitualmente en ingeniería fluvial- contenidas y fijadas en el interior de una estructura metálica también modular. Esta solución provoca un efecto inaudito y sorprendente.

 

Al exterior el corte tornasolado del basalto, que difumina del negro al verde, atenúa sensiblemente el impacto ambiental que un objeto arquitectónico de este tipo corría el riesgo de causar. El edificio se confunde de este modo con el paisaje, del que se convierte, simplemente, en una línea horizontal más, apenas un poco más definida y precisa que las formadas por las hileras de viñedos. En el interior, la posibilidad de variar la cantidad de piedras dentro de cada una de las cajas permite hacer diferencias en el espesor de las paredes. Esto añade a la característica moderación de temperaturas, propia de los edificios antiguos, la de la ventilación y la iluminación natural, aunque, al contrario que se hace con los sillares antiguos, las piedras más grandes están encima, y las más pequeñas debajo.H&DeM han comentado: ” Se podría describir nuestro uso de las cajas como una especie de cesto de piedra con grados variables de transparencia, más parecido a una piel que no a un muro tradicional”.

 

 

En efecto: la elección lingüística de un exterior como envoltorio o “piel informativa”, aunque no demasiado propio de la arquitectura contemporánea, resulta bastante frecuente en la obra de estos dos arquitectos suizos, que se sirven de ello para crear una especie de “efectos especiales” de gran originalidad y notable economía.
De este modo, en el SUVA Building el módulo base de la fachada está formado por paneles de tres tipos de vidrio diferentes, según las funciones que se desarrollen en el interior, mientras que en la Torre de señales 4 el edificio se halla rigurosamente envuelto en una cinta de cobre que le hace asemejarse a una jaula de Faraday.
En el depósito Ricola, en cambio, la envoltura está compuesta de paneles traslúcidos de policarbonato que llevan impreso el logo dela empresa. En todos los casos, el efecto final es siempre la transparencia, que permite apreciar – como en algunos edificios de Kazhuo Sejima – el interior del edificio como si la viéramos a través de una especie de celosía. Este efecto, en la Dominus Winery, se obtiene en el interior del edificio.

 

La luz flota a través de los bloques, crea texturas impredecibles, que cambian según las diferentes condiciones externas y las formas de la piedra. El efecto, absolutamente inaudito, es el de un encantador parasol, duplicado por el cristal en la zona de oficinas. En contraste, los “cortes” operados en la mole compacta de la construcción, correspondientes a los accesos para automóviles, permiten conectarse de nuevo con el sereno paisaje de colinas que se encuentra a sus espaldas.
La presencia de estos enormes “ventanales” emparenta el proyecto de la Winery con el de la New Tate . pero, extrañamente, recuerda más a otras obras de arquitectura antigua como por ejemplo las de Vasari en el Ponte Vecchio de Florencia o las logias de Castiglion Fiorentino.

 

 

El lenguaje, pese a todo, se mantiene en la línea racionalista: el volumen osadamente alargado y monolítico, el perfil neto y riguroso de las aberturas y la claridad funcional de la planta resuelta en un único y elegante rectángulo, recuerdan a experiencias análogas, por ejemplo, de Mies, al tiempo que el mecanismo de la repetición de los componentes (en este caso, las cajas con piedras) no llega a impedir la experimentación formal, que ha permitido a H&DeM definir su arquitectura con estas palabras: “la fuerza de nuestros edificios está en el inmediato y visceral impacto que provocan en el visitante”

En este continuo entrecruzarse de memoria e invención está la característica más sobresaliente de su estilo.

 

Texto: ELENA FRANZOIA

Vía: www.floornature.es